Observadora Nocturna
Me estoy transformando en una observadora nocturna., desde la ventana de mi cocina puedo apreciar todo lo que sucede en el edificio del frente. Mientras lavo los trastos de la comida veo quien llega y quien se muda., quien pone cortinas y quien se ríe de ellas. El pasado fin de semana hubo gran ajetreo en el piso 6º, tras una semana de ver continuamente a un maestro con las ropas manchadas de pintura comer tranquilamente en la terraza, de pronto sólo vi una escoba que dejó olvidada, la última tarde en que estuvo arreglando sus muros semi-enterrada en un montón de deshechos y me dije: típico de los maestros, dejan perfecta la pintura pero, el resto, sucio.
A la mañana siguiente me pareció que había movimiento, mientras mi café humeaba en el frío amanecer, el departamento del frente tenía todas la ventanas abiertas y en su recibidor muchas cajas, que supuse contenían parte de lo que estaban llevando sus nuevos inquilinos. Aquí nadie se cambia con un montón de maletas, por cierto que no, uno va al supermercado y con la mejor de las sonrisas “consigue” con los reponedores las cajas más grandes, esas que una vez llenas...no hay forma de moverlas y en está todo, desde loza hasta ropa., y más o menos rotuladas uno las amontona en el primer lugar que encuentra, para después empezar a buscar desesperadamente lo que se necesita como primera opción en un cambio de casa.
Así estaban los del frente, frenéticos abriendo cajas y moviéndose de un lado para otro, y yo me acordaba – entre sorbo y sorbo de café – de mi último cambio, me demoré en terminar de ordenar una eternidad, tal vez por eso, aún guardo una caja que no se lo que contiene y que, cada vez que comienzo a abrirla, me detengo y me digo: hasta el momento no te falta nada, seguro que aquí tirarte todos los cachureos que nunca sabes qué hacer con ellos. Y ahí la dejo, pensando en dedicarle un fin de semana a desentrañar sus misterios.
Cuando los nuevos vecinos comenzaron a llenar la terraza con cajas y bolsas, me dije: estos son jóvenes, y no me equivoqué, tal parece que era primera vez que vivían solos y que se las arreglaban con lo que tenían o habían logrado comprar y también con lo que les faltaba, como las ampolletas. Esa noche no tengo muy claro si les sirvieron las velas románticas y de colores que aún se aprecian como único adorno, o bien hicieron antorchas con tanto diario.
Desde entonces han pasado dos meses y los vidrios de los ventanales aún lucen, a la perfección, la edición del diario de ese día...
MARANDA
|
|